lunes, 23 de septiembre de 2013

CONSTITUCION E INDEPENDENCIA NACIONAL



Dr. Fernando Zamora C.
Abogado constitucionalista

Publicado en el Periódico La Nación en:

El principio de soberanía popular proviene de la filosofía rousseauniana. Es un pilar indiscutible de la doctrina constitucional que alude a la idea esencial de que son todos los integrantes de una sociedad quienes conforman el poder del Estado. En aspectos referidos al nacimiento e independencia de las democracias, - y en lo que se relaciona con el poder constituyente originario-, tal principio de soberanía popular tiene grave importancia. De hecho, a la luz de la doctrina constitucional, en una república democrática, no existe independencia nacional si ésta no ha sido antes aceptada por el pueblo, actuando en ejercicio de su poder soberano.

Así las cosas y por las razones que enseguida indicaré, la realidad es que el 15 de setiembre de 1821 Costa Rica no se independizó. Aún más, para tal fecha nuestro pueblo no tenía siquiera conocimiento de los hechos que se desencadenaban en Guatemala. Por ello, desde una perspectiva constitucionalista, y a la luz de la doctrina de la soberanía popular, no es posible hablar del 15 de setiembre como fecha de nuestra independencia nacional. ¿Cuál es entonces la verdadera efeméride de nuestra independencia?

Con ocasión de las disposiciones de la Constitución de Cádiz de 1812, la Capitanía General de Guatemala había desaparecido. Por esta razón el artículo 1 del Acta del 15 de setiembre establece únicamente la independencia del pueblo de Guatemala, pues la diputación provincial de Guatemala estaba limitada para ir más allá de su propia iniciativa libertaria. Trece días después, -el 28 de setiembre-, apenas llegaba a Nicaragua el correo extraordinario que le comunicaba acerca de esos hechos a la diputación provincial de Costa Rica, que tenía entonces su sede en la ciudad nicaragüense de León. Las autoridades de la diputación de Costa Rica se pronunciaron en el sentido de mantenerse al margen tanto de la jurisdicción de Guatemala como de su decisión, declarando incluso “la absoluta y total independencia de Guatemala…”. Y con respecto al tema de nuestra propia independencia de España, recomienda esperar hasta que se aclaren los inciertos acontecimientos políticos. Este pronunciamiento es conocido como el acta “de los nublados del día.” Posteriormente, el 11 de octubre de 1821, la diputación provincial de Nicaragua acuerda su independencia, pero a la vez, su inmediata anexión al Imperio mexicano de Iturbide, de conformidad con el Plan de Iguala. Hasta ese momento, ni el Partido de Nicoya, ni Costa Rica habían tomado aún ninguna decisión independentista. Abrazábamos la disposición previamente tomada, de aguardar el esclarecimiento de aquella vorágine de acontecimientos que se sucedían.  

Pero esta decisión de esperar fue de las autoridades de la diputación de Costa Rica con sede en León, pues la información acerca del proceso independentista centroamericano llega a Cartago hasta el 13 de octubre de 1821, cuando el entonces Gobernador, -Juan Manuel de Cañas-, recibe el correo que comunicaba las nuevas. Por presiones de dicho Gobernador, el Ayuntamiento cartaginés asume la misma determinación que recomendaron las autoridades de nuestra diputación con sede en León: la de esperar mayor claridad en torno a los sucesos. Sin embargo la disposición resultó efímera, pues finalmente el Ayuntamiento la revoca y en un acuerdo de voluntades con el Ayuntamiento de San José, se limitan a acusar recibo del comunicado. En ese momento se plantea la idea de una Junta Provisional y con ello, el inicio del proceso de consulta al pueblo costarricense respecto del camino a seguir.

A partir del 25 de octubre de 1821, -y en los días siguientes-, se reúne la Junta de los legados de los Ayuntamientos. La idea de fondo era el establecimiento de una Junta Superior Gubernativa Provisional, de tal forma que fuese posible que nuestra sociedad se gobernase con total autonomía. El 28 de octubre de 1821 llega a Costa Rica un nuevo correo en el que se informaba acerca de la ya citada independencia de Nicaragua y su decisión de anexarse al imperio de Iturbide. La confusión generada por equívocos comentarios del heraldo que portaba el correo, hace que los josefinos crean que la comunicación se refería a la independencia de la Provincia de Costa Rica, lo que provoca la inmediata celebración por parte de los josefinos de un hecho aún no consumado, pues ciertamente celebrábamos la independencia, -pero no la propia aún-, sino la de Nicaragua. De lo anterior no hay duda, pues tal y como aclaró Carlos Meléndez, en un acta del Ayuntamiento de San José de fecha 28 de octubre de 1821 se confirmó que esa comunicación se refería a la independencia de Nicaragua únicamente. Y se alude claramente a que tales hechos ocurrieron en la Provincia limítrofe con Costa Rica.

Sin embargo, las informaciones provenientes de las provincias al norte, sumado a la vocación libertaria que se generó en la nuestra a raíz del proceso de consulta, despertó el ánimo independentista en la población. Eso se tradujo finalmente en los hechos del 29 de octubre de 1821, cuando por primera vez en nuestra historia, representantes de todos los Ayuntamientos de la Provincia de Costa Rica, -reunidos en Cartago en cabildo abierto extraordinario-, proclaman la independencia absoluta e irreversible del Reino español. El acta del 29 de octubre sería ratificada por todos los ayuntamientos y después en el Pacto de Concordia, que es nuestro pacto constitucional originario. Además, como un acto representativo de la “rendición” española, el entonces Gobernador en Costa Rica firma el acta del 29 de octubre.

Por todo esto, la verdadera fecha en la que nuestro soberano, -el pueblo-, escogió su camino de libertad eligiendo por la independencia, no es el 15 de setiembre. Es el 29 de octubre de 1821. Esa última es la fecha en que se firma el acta independentista, la verdadera carta de nacimiento de Costa Rica como nación. El Estado tiene todo el derecho de establecer cualquier fecha caprichosa para celebrar la independencia. Pero como bien lo ha afirmado el catedrático Miguel Rojas, con ello no hace honor a la verdad de nuestra evolución constitucional. Ni mucho menos a nuestra historia. fzamora@abogados.or.cr

jueves, 12 de septiembre de 2013

COSTA RICA ANTE EL CONSTITUCIONALISMO ISRAELI



Dr. Fernando Zamora C.
Abogado constitucionalista

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Y EN 




En medio del pesimismo que duda de la posibilidad de solucionar la permanente guerra del mundo musulmán con Israel, días atrás el Secretario de Estado estadounidense John Kerry anunció la buena noticia del inicio de nuevas negociaciones para la paz del medio oriente. Un tema que nos concierne. El futuro de una democracia desarmada como la nuestra, está indudablemente ligada al destino de los regímenes verdaderamente constitucionales del mundo. Y ese destino dependerá de la suerte que corra el consenso occidental de valores que los ha sustentado. Por ello nos urge la consolidación internacional de la cultura constitucional. Devaluada ésta, se encontrará seriamente comprometida la posibilidad de que sigamos siendo un Estado desarmado. De ahí que un aspecto fundamental de esto es la coherencia y convicción de nuestra voz en el mundo. En el pasado, uno de los elementos fundamentales del prestigio de nuestra nación, radicó en la fuerza moral de nuestra política exterior.

Pero decisiones recientes en este campo, como por ejemplo la cuestionada forma como nuestro gobierno justificó en el año 2003 su inclusión en la lista de los países que conformaron la coalición de la invasión a Iraq, la manera en que se rompieron las relaciones con Taiwán en el 2007, o el revés que en el 2006 Costa Rica le propinó a una nación tan amiga como Israel, al retirar su Embajada de Jerusalén, resultaron acciones polémicas que minaron la potencia de nuestra voz en el mundo.   

Por la trascendencia que tiene en relación con la paz, conviene analizar el último de esos tres ejemplos citados. Una nación que resguarda los valores del constitucionalismo occidental,  ¿qué posición debe asumir en relación a Israel? ¿Qué parámetros deben regir nuestra política exterior para Oriente medio? Lo primero que debemos respondernos es la cuestión, ¿qué es Israel y qué significa esa nación para los valores occidentales? Esa pregunta tiene respuesta en dos vertientes, pues la patria de Moisés podemos explicarla como nación y además, como el único sistema verdaderamente constitucional de Oriente medio.

Para el mundo ¿qué representa el pueblo hebreo como nación? En proporción poblacional, o sea, comprendiendo a Israel en un sentido amplio, -lo que incluye al pueblo judío fuera de sus fronteras-, la nación hebrea es la cultura que más ha impactado al planeta. Porque más que una Patria, ellos son una portentosa cultura. Han sido mucho más que población, territorio y gobierno. Durante su historia han sufrido embates inimaginables. Por largas diásporas perseguida y carente de espacio vital, sin amparo de territorio ni gobierno alguno, y a pesar de ello, una nación firmemente anclada. Son sincronía de espíritus. En medio de adversidades tan abrumadoras, solo un pueblo aferrado a sus propios ensueños pudo preservar y sigue preservando de tal forma su cultura. Temple homogéneo para el esfuerzo y el sacrificio. Marcha conjunta en pos de ideales comunes. ¿Qué particular fuerza ha sostenido esa entereza extraordinaria? Tales heroísmos colectivos solo son posibles cuando esa identidad nacional está ligada al sentido de lo espiritualmente trascendente. Lo que ahora por cierto, en Costa Rica irrita a algunos. Sobre el impacto de dicha nación al progreso, lo resumimos con un dato inobjetable: pese a que representan el 0,02% de la población mundial, poseen 129 premios nobel.

Ahora bien, la otra pregunta es, ¿qué representa, para el mundo, Israel como Estado? Es el único Estado, en toda aquella basta región, cuya filosofía política se sustenta en los valores del constitucionalismo occidental. Una democracia parlamentaria, regida por un sistema de frenos y contrapesos, con una debida separación de poderes y sufragio universal en un sistema de pluralidad de partidos. Es el Estado del Oriente medio en el que las mujeres votan,  -y pese a que en Occidente tal libertad nos parece obvia-, contradice abiertamente lo permitido por los reinos de los Califatos. A pesar de la manifiesta hostilidad del mundo musulmán desde el establecimiento del Estado judío en 1948, -hostilidad traducida en guerras y múltiples agresiones- Israel concedió nacionalidad a los árabes que habitaban en su territorio. Con la libertad de voto incluida. Derecho que les niegan los reinos árabes a sus propios habitantes. Pese a que Israel no es un estado “laicista”, -pues reguarda los valores espirituales del judaísmo-,  es un régimen constitucional respetuoso de la libertad de consciencia y culto. El único país en el medio oriente donde la población que abraza creencias diferentes ha crecido. Solo para citar un ejemplo, allí la población cristiana se cuadruplicó, mientras que en el resto del oriente medio, las convicciones disidentes son proscritas hasta su inanición. En esencia, -en un área tan basta-, es el único Estado plenamente constitucional. A las anteriores razones, debemos sumar la histórica amistad que nos ha unido a ambas naciones. El libro “Del volcán Irazú al Monte Sión”, del Dr. Benjamín Núñez, -Exembajador en Israel y Exministro de gobierno de Don Pepe Figueres-, es un poema a esa amistad. Tuve la suerte de conservar un ejemplar dedicado del libro. En la dedicatoria, el Padre Núñez alude al hecho de que defender a Israel también fue parte del espíritu del 48.  

Así las cosas, si advertimos que Israel abarca una superficie de apenas un sexto del uno por ciento (1/625) en relación al resto del territorio islámico de la región, resulta inaceptable la amenaza de estratos poderosos del mundo musulmán que aspiran a la extinción de la nación judía. Por ello, de mayor preocupación es el hecho de que Rusia decidiera respaldar el programa nuclear iraní, tal y  como desde el 2007 lo informó la cadena BBC. Es cierto que el agresivo sistema de defensa israelí recibe una pertinaz lluvia de críticas, muchas de ellas de buena fe. Pero la pregunta fundamental es, ¿permanecería Israel si bajase la guardia? Aunque una ingente inversión en sumas militares siempre es negativamente sospechosa, -hasta donde tengo entendido-, no conozco judíos que llamen a una Jihad para matar infieles. Es presupuesto de estricta defensa. Por este tipo de motivos, la respuesta a la pregunta de fondo de este artículo es que toda nación que resguarde los valores del constitucionalismo occidental, debe apoyar la existencia de Israel. Y tratándose de una nación como Costa Rica, con una tradición de amistad como la que nos ha unido, es inaceptable el desplante que le hicimos en el 2006, al retirar nuestra embajada de Jerusalén. Sin duda, la política exterior de la primera administración del Dr. Arias Sánchez, -la del Plan de Paz para Centroamérica-,  fue una de las páginas ilustres de nuestra historia. Es lamentable que en su segunda administración, nuestra política exterior no tuviese las mismas luces. Una política exterior sin visión. Para el olvido. fzamora@abogados.or.cr