lunes, 18 de diciembre de 2023

SENTIDO DE LA NAVIDAD

 Dr. Fernando Zamora Castellanos.

Abogado constitucionalista

 

Según el historiador Cesar Vidal, la práctica en la población de socializar las festividades de la navidad corresponden a la época en que finalizó la persecución pagana contra los cristianos, y se generalizó con fuerza en Occidente a partir del siglo IV d.C. Recordemos que, so pena de muerte, antes de ese momento todos los cultos y liturgias cristianas eran clandestinas. Para quienes somos creyentes en la fe judeocristiana, la navidad es el conjunto de celebraciones concentradas en el mes de diciembre, y que constan de los advientos que se realizan durante los primeros cuatro domingos del mes de diciembre y la festividad culmina con la cena de noche buena del 24 de diciembre y el almuerzo del siguiente día 25. Son momentos en que las familias cristianas, aparte de socializar, tienen un momento de oración, reflexión y de compartir alimentos.

A estas celebraciones se les suman costumbres ancestrales como la de la instalación del pesebre, también llamados “portales” o “pasitos”, donde se coloca la figura de Cristo recién nacido en el instante de la medianoche del día 24 de este mes. Desde una óptica espiritual, cada una de esas festividades tienen una significancia particular. De acuerdo al acervo judeocristiano, los cuatro primeros eventos de los domingos de adviento, consisten en un tiempo de compartir en donde el núcleo familiar medita respecto al significado del nacimiento de Cristo. En cada adviento se encienden cuatro velas al calor de una meditación o lectura de alguna fracción del evangelio, y el acontecimiento se acompaña de algún café, -o dependiendo de la circunstancia acordada por cada familia-, de un almuerzo o cena. Entre el conjunto de platillos que eran típicos de la época estaban la gallina achiotada, el arroz con leche, el pan casero, el rompope, las toronjas rellenas de leche o miel, el tamal de cerdo, las conservas y el dulce de naranja. Igual sucedía con la festividad del 24 y 25 al final del mes. Según Anastasio Alfaro, y otros costumbristas nacionales, desde tiempos de la colonia y hasta mediados del siglo XX, para las familias costarricenses éstas eran un conjunto de celebraciones muy generalizadas. Nuestros historiadores documentan que, muy temprano en diciembre, comenzaban los preparativos para la noche buena de modo que, con tiempo, los pueblos y villas del país estaban listos para el acontecimiento. Con los primeros ventoleros y lloviznas decembrinas nuestros abuelos empezaban el intercambio de conservas de chiverre, palmitos asados y otras delicias. A los niños se les enseñaba que la bendición venía de Dios a través de sus padres, por lo que la carta en la que se pedían obsequios era dirigida “al niño Dios”, aunque éstos comprendían que los padres eran quienes daban los presentes, y no eran engañados con ningún personaje ficticio del polo norte.  Concesionarios indirectos de la festividad, los niños ansiaban el momento en que les dejarían los obsequios al pie del pesebre cuya instalación era un ceremonial de primer orden, el cual se preparaba con buena anticipación. Allí estaban, al menos, la figurita de la Virgen y su esposo San José, el buey, la mula y otros elementos bíblicos. Fuesen familias pobres o adineradas, el portal no faltaba en ningún hogar. Era además usual que en las comunidades y parroquias se organizaran coros para ensayar y cantar villancicos, los cuales se presentaban en eventos comunitarios y en ciertas casas donde se reunían los vecinos, que recibían por medio de aquella expresión artística la narración de la fe común. La navidad era una celebración en familia donde, en homenaje al Dios cumpleañero, la verdadera paz debía respirarse. En su obra “La Navidad costarricense”, Elías Zeledón recuerda que esas festividades de entonces “no era fiesta de borrachera, las iglesias a las doce de la noche del 24 se veían atestadas de vecinos que iban a la misa de gallo, donde se cantaban villancicos, y se admiraban los mejores portales de la región, que eran los de los Curas. La navidad era placentera llena de un espíritu de hermandad que se perdió”.          

Con la desacralización de nuestra nación, y la irrupción de la sociedad de consumo, las celebraciones del adviento hoy son una costumbre muy limitada a ciertas familias que entienden la importancia de practicar la reflexión y la espiritualidad en el hogar. La tradición de las oraciones alrededor del pesebre, adornados con musgo y otros ornamentos que son propios de nuestro país y cuya inspiración está en la narración de los evangelios, se ha sustituido por prácticas extranjeras de consumo totalmente paganizadas. Por ejemplo, la tradición del pesebre, que se narra en los Evangelios de Lucas y Mateo, fue sustituida por el árbol nórdico nevado que carece de todo sustento bíblico. Otra tradición, la de entregar obsequios a los niños emulando el simbolismo del pasaje bíblico de los reyes magos que obsequiaron oro, incienso y mirra al niño Jesús, fue sustituida por “Santa Claus”, un personaje ficticio del polo norte promovido desde hace un siglo por la Coca Cola; en esta última práctica importada, se engaña a los niños sobre la verdadera identidad de quien realmente entrega el obsequio, generando una posterior frustración cuando, con el tiempo, el menor descubre la mentira.

En esencia, la Navidad consiste en meditar sobre el verdadero sentido de la vida. Como bien lo decía Pascal, el mensaje navideño proporciona suficiente luz para los que quieren ver y suficiente oscuridad para los que se niegan. El sondeo de felicidad global que la empresa Ipsos hace periódicamente a nivel mundial, constata que, salvo pequeñas variaciones, las “fuentes” de felicidad comunes a todas las naciones se resumen en buena salud, estabilidad del núcleo familiar, y experimentar la convicción de un sentido de vida de naturaleza espiritual. Y si la espiritualidad es tan fundamental para el ser humano, entonces el mensaje navideño nos auxilia en una cuestión que toda persona debería necesariamente responderse en algún momento de su vida: ¿decidimos o no creer lo que la Navidad proclama, que le debemos nuestra existencia a ese Ser eterno, inmaterial, inmutable y atemporal que llamamos Dios?  fzamora@abogados.or.cr  

lunes, 11 de diciembre de 2023

POLITICAS PUBLICAS CONTRA LA FAMILIA

 Dr. Fernando Zamora Castellanos.

Abogado constitucionalista

 

Un reciente estudio del sociólogo Fernando Pliego, del Instituto de investigaciones sociales de la UNAM, alertaba sobre el peligro de promover acciones que vulneren la estructura familiar, por sus consecuencias en el bienestar de niños y adultos. Las estadísticas mundiales que reflejan la importancia de la familia son abrumadoras; cito solo un dato: el estudio sobre criminalidad juvenil de la revista europea de criminología determinó que en Noruega, el primer país en calidad de vida, la delincuencia juvenil casi se triplicaba en los casos en los que el infractor carecía de la convivencia con sus padres biológicos. La estructura familiar es un vínculo de relaciones sociales integrada por dimensiones tan vitales, como lo son las dinámicas de autoridad, el marco normativo de derechos y deberes que se le impone a los miembros para su rol en las futuras relaciones sociales, y la parentalidad, que implica los vínculos de consanguinidad con la siguiente generación.  

 

Pese a ello, preocupa que en nuestro país sea visible la propensión a importar del extranjero políticas familiares controversiales. Lo primero que amerita ilustrar es en qué consisten estas políticas, y las podemos resumir en tres tendencias evidentes. La primera, es la proclividad legal a facilitar la disolución del vínculo familiar. Por ejemplo, hay una corriente en boga en los últimos años que está promoviendo cambios jurídicos, tanto en la legislación, como en la jurisprudencia, para que los procesos de divorcio sean céleres, o como dicen los caribeños, “express”. Este tipo de cambios son inconvenientes en tanto estudios como el de las encuestas de hogares del gobierno de México, han documentado, entre otras estadísticas, que la violencia física contra las mujeres aumenta al doble cuando las parejas conviven sin vínculo matrimonial. Además, se llegó a demostrar las alarmantes diferencias en las proporciones estadísticas de las situaciones de abuso sexual en los menores con padres sin matrimonio, o con otro tipo de relación, frente a los menores con padres en matrimonio. A manera de ejemplo, entre menores con padres casados y menores sin la cobertura del matrimonio de sus padres, la estadística de abuso sexual aumentaba diecinueve veces en el caso de menores sin sus padres en matrimonio. Un ejemplo de este tipo de proyectos, lo es la reciente aprobación de la reforma al Código de Familia que autoriza la disolución del matrimonio, por cualquiera de los cónyuges, bastando alegar incompatibilidad de caracteres, algo que, en términos prácticos, significa invocar cualquier subterfugio, pues resulta obvio que, sobre la base de ese pretexto absolutamente abierto y laxo, cualquier situación, circunstancia, o diferencia conyugal puede encajar en él. Este proyecto es importación de las posmodernas sociedades de consumo, como la estadounidense, en donde una altísima cantidad de divorcios de la farándula de Hollywood, invoca esta cláusula como causal.

Así pues, en esa manía de importar todas estas tendencias, nuestros diputados han decidido también implementarla aquí. Y dentro de esa misma línea, la sentencia constitucional #16099 del 2008, eliminó la sabia disposición del legislador originario en nuestro Código de Familia, que impedía el divorcio antes de que se diera un compás de espera. Dicha sentencia eliminó el plazo de espera para divorciarse, decisión que es un error, pues todos sabemos que, con el tiempo, las diferencias en una familia tienden a resolverse.  

 

La segunda tendencia es la de coartar la patria potestad de los padres sobre sus hijos menores. En este sentido, dos ejemplos concretos lo son la reciente reforma al artículo cuarenta y uno del Código Procesal de Familia, que otorga Capacidad Procesal Plena a niños de apenas doce años, con lo cual un menor puede iniciar por cuenta propia cualquier proceso legal contra sus progenitores. Un caso particularmente polémico es el proyecto de ley #23809, que avanza en el Congreso, que establece en su artículo 48 la posibilidad de que los menores sin el consentimiento de sus progenitores puedan realizar actos de disposición en sus propios cuerpos, esto pese a que el artículo 45 de nuestro Código Civil nos prohíbe, aún a quienes somos adultos, los actos de disposición de nuestros propios cuerpos. Aún más, los artículos que van del cuarto al octavo del proyecto, permiten que los menores de edad modifiquen sus calidades personalísimas al extremo de alterar su identidad de sexo sin que medie ningún tipo de procedimiento. En caso de menores de edad con límite de doce años, el trámite podrá hacerse sin siquiera consentimiento de los padres o tutores. En el caso de niños menores de 12 años, basta un procedimiento ante el PANI para que un niño de apenas de siete, ocho, o incluso menos años, pueda pedir el cambio de identidad ante el Registro sin siquiera necesitar patrocinio letrado, tal y como establece el artículo 15 del proyecto de ley. Todo lo anterior en contravía de principios que son parte histórica de nuestro bloque de legalidad, como lo es el artículo 38 de nuestro código civil que establece que los menores están absolutamente imposibilitados de ejecutar actos legales que los obliguen o condicionen. Además, contraviene el artículo 18 de la Convención de los derechos del niño que otorga a los progenitores o sus representantes legales, todo lo que es atinente a la responsabilidad en la crianza y desarrollo integral del menor. 

 

La tercera tendencia consiste en las políticas públicas que devalúan la vida del ser humano en estado de indefensión o impotencia. En otras palabras, las políticas que ponen la vida del incapacitado a disposición, tanto de la contracultural del descarte por vía del capricho humano, y por consecuencia, también a disposición del Estado. En esa línea van, entre otros, el proyecto ley de voluntades anticipadas #22.743, el cúmulo de proyectos pro aborto existentes en la corriente legislativa, y las políticas antinatalidad, como las que actualmente promueve la CCSS en los diferentes Ebais del país, mediante charlas para estimular la esterilización, esto último también grave si, tal y como informó el periódico La Nación meses atrás, la tendencia de los jóvenes a buscar esterilización  a corta edad, tanto de varones, como de mujeres, ya es una realidad alarmante.

      fzamora@abogados.or.cr