jueves, 19 de enero de 2017

ESTRATEGIA DE LAS NEPOCRACIAS

Dr. Fernando Zamora Castellanos
Abogado constitucionalista.

Publicado en el diario La Nación:


Mi buena amiga Lina Barrantes -Directora de la Fundación Arias-, ha tenido la gentileza de remitirme un interesantísimo libro sobre el actual régimen nicaragüense. La obra -de varios autores- fue compilada por el político socialdemócrata nicaragüense Edmundo Jarquín, y bajo el auspicio de dicha Fundación, fue recientemente presentada en la Asamblea Legislativa de Costa Rica. El libro describe pormenorizadamente la estrategia de la nepocracia en aquel país. En términos generales, es la misma que usualmente se aplica en todos los regímenes de tal naturaleza. Antes de pasar a enumerar los pasos generales, resulta oportuno definir lo que es una nepocracia y ofrecer algunos ejemplos de ellas en América. La etimología de la palabra nepocracia es una conjunción de dos conceptos; el primero de ellos, nepotismo, que significa la tendencia a favorecer a la familia valiéndose de una posición pública de influencia. La segunda definición, la palabra “cracia”, es un término griego que alude al poder. Así, nepocracia, es el régimen en donde el poder es utilizado por gobernantes que tienden a beneficiar directamente a sus familiares.

 

En la historia americana existen muchos ejemplos de nepocracias. De hecho, la historia de Nicaragua es plétora en ellos. Sino ¿cómo olvidar lo que Pedro Joaquín Chamorro denominó “dinastía sangrienta”, que gobernó ese hermano país cuarenta y dos años con mano de hierro? Entre 1937 y 1979, Anastasio, Luis y Anastasio hijo -todos Somoza-, se repartieron alegremente el poder, como también lo hizo desde 1959 la familia Castro Ruz en Cuba. Sin embargo la realidad es que, en la historia universal, hasta la irrupción de los sistemas republicanos, las dinastías habían sido la regla. Fue lo usual en las hordas, imperios y monarquías. En el caso de las monarquías, por la naturaleza de los regímenes nobiliarios, el poder se heredaba por consanguinidad. Pero una vez que cayó el “ancient régime”, y se instauraron las repúblicas occidentales, el poder dejó de ser un legado familiar y la vía de acceso al poder culminó con los partidos políticos que ofrecían al electorado una plataforma ideológica y permanente. Así, el sistema de partidos políticos es la expresión moderna del mecanismo de acceso al poder por la vía del mérito y los planteamientos doctrinales, por lo que el nepotismo es algo contrario a los principios más básicos del sistema republicano partidista. Sin embargo, la crisis de la cultura, -y aquí léase bien-, no indiqué la crisis de la democracia, sino –repito-  la crisis de la cultura, (pues la democracia no es lo que está en crisis, sino la cultura), ha provocado que el nepotismo también se haya enquistado en las repúblicas contemporáneas.

 

Por ello, incluso ahora, es usual encontrarse con primeras damas impulsadas directamente a la búsqueda del solio, gracias al poder acumulado por sus cónyuges. Y es un fenómeno muy reciente. Así lo vimos con Cristina de Kirchner y con Keiko Fujimori, quien fungió como primera dama durante el mandato de su padre. Sucedió también con la esposa del exgobernante hondureño Mel Zelaya y con la Sra. Xiomara Castro, quien aspiró a la presidencia de ese país en el 2013. La señora Marta Sahagún, esposa del Presidente mexicano Fox, también lo intentó tímidamente, aunque sus aspiraciones fueron rápidamente frustradas. Un caso que rayó en el absurdo fue el de la Señora del entonces Presidente guatemalteco Álvaro Colom. Ante la imposibilidad constitucional de que un pariente se postulase al cargo –en una urdada estrategia- Colom se divorció de su esposa Sandra Torres, quien así tuvo vía libre para aspirar a la presidencia de la República. Los últimos intentos han sido, los de la Señora Rosario Murillo, quien asumió la Vicepresidencia de Nicaragua, y el de la Sra. Clinton, quien se dio a conocer en los Estados Unidos a partir de la Presidencia de su esposo.

Así, es claro que, abortada la posibilidad del continuismo reeleccionista, la segunda estrategia de los regímenes nepocráticos para mantenerse en el poder, es promover a las esposas de quienes ostentan o han ostentado el poder. Otra estrategia que es usual en las nepocracias es la utilización de los hijos de los gobernantes en el entramado de poder. ¿Cómo? usualmente, los hijos son colocados en las entidades de seguridad del Estado, como cancerberos de los regímenes, o en las grandes entidades lucrativas, como custodios de los grandes negocios. A ese respecto, veamos algunos ejemplos de la historia. Anastasio Somoza Portocarrero, llamado popularmente con su apodo de Chigüín, -el tercer Anastasio Somoza- fue el jefe de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería de la Guardia Nacional de Nicaragua. Así sucedió igualmente con Uday Hussein, el primogénito de Sadam, quien fue jefe de la principal entidad de seguridad del Estado iraquí. Igualmente estuvo involucrado en las lucrativas actividades del futbol y el olimpismo de su país, en donde lideró ambas federaciones. Su hermano Kusay fue el supervisor de la Guardia Republicana Iraquí y jefe de la Organización de Seguridad Especial, que era básicamente la seguridad interna del régimen. En su obra de dos tomos “Junto a Trujillo”, Manuel Javier García, refería otro caso digno del más rancio realismo mágico latinoamericano. Fue el caso de Ramfis Trujillo, otro latinoamericano de ingrata memoria por sus privilegios nepocráticos. Hijo del perverso Rafael Leonidas, éste le nombró coronel con apenas cinco añitos, pero con las remuneraciones económicas y las prerrogativas propias del cargo. El paroxismo de tal locura ocurrió cuatro años después, cuando el dictador ascendió al niño -nada más y nada menos-, que al rango de General de brigada. Esto cuando el imberbe apenas frisaba la edad de nueve.  De Moatassem Gadaffi, -hijo del sátrapa libio-, se supo que llegó a ser el principal asesor de seguridad nacional del régimen. Otro triste ejemplo latinoamericano sucedió con la reciente transacción de una propiedad en la comuna de Chillán, en el centro de Chile. Por una bicoca cercana a los $800 millones de dólares se destapó la puerta al negocio de los bienes que el Estado chileno cedió a la Fundación Cema, que aún controla la venerable anciana Doña Lucía Hiriart -viuda del exdictador chileno Augusto Pinochet-, y de la cual es presidente vitalicia. El millonario patrimonio fue finalmente vendido sin que hubiese registro contable de ello, ni del destino de esos dineros, que superan los $6.300 millones de dólares. No quepa duda, no existe intentona nepotista que no deba ser combatida con determinación. fzamora@abogados.or.cr

lunes, 9 de enero de 2017

TENDENCIA ANTIDEMOCRATICA

Publicado en el Periódico La Nación:
http://www.nacion.com/opinion/foros/Tendencia-antidemocratica_0_1607039305.html

Hay una peligrosa tendencia política que nos arrastra al retorno de los personalismos. No se trata de alguna secreta conspiración debidamente fraguada para ello, como es usual escuchar en las leyendas urbanas imaginadas para cautivar mentes simples. En realidad es un fenómeno social decadente que toma fuerza. Los caudillismos y los partidos personalistas son parte de un pasado que en algún tiempo fue superado, pero que retorna para mal de todos. Los siglos XIX y XX fueron épocas plétoras en personalismos sin verdaderos partidos. La regla en la infancia democrática de nuestro país fue el partido personalista y temporal. Los partidos personalistas son propios de democracias inmaduras y débiles.  Podemos citar muchos de ellos, algunos de los cuales llevaban incluso el nombre de su líder. La historia refiere, entre otros, el Partido “Peliquista” –en razón de su fundador, el dictador Pelico Tinoco-, el Demócrata “cortesista”, de Don León Cortés. Igualmente el Partido Civilista, del Expresidente Rafael Yglesias, el Reformista, del General Volio, o el “ulatista” Partido Unión Nacional. Por el contrario, los partidos ideológicos fueron la rara excepción. El primero de ellos fue la “Unión Católica”, inspirado en la doctrina social de la Iglesia. El otro fue el Bloque de Obreros y Campesinos, embrión del marxismo-leninismo criollo. Así, en la etapa infantil de nuestra democracia, la regla eran los personalismos caudillistas. Al contrario, los partidos ideológicos eran la excepción, pues la sociedad no tenía la cultura política para votar por plataformas programáticas, sino que se dejaba seducir por personalismos y caudillismos.

 

Es hasta después de la revolución de 1948, que surge un partido en la historia con dos características ideales: ideológico y permanente, pues como indiqué, sea antes o después de dicho partido, han existido movimientos electorales ideológicos, más no permanentes. Con la revolución de 1948, y el debilitamiento de la élite cafetalera, nuestra democracia evolucionó elevándose a un estado superior, en donde la regla fue que los partidos ideológicos fueron quienes tuvieron la fuerza política, siendo los partidos personalistas la débil excepción. Junto al PLN -socialdemócrata-, surgieron otros partidos ideológicos que, aunque no permanentes, le disputaban el dominio desde otras plataformas filosóficas. Así, Costa Rica vio nacer las diferentes versiones de la democracia cristiana, y las múltiples versiones temporales del marxismo que, entre ambos, disputaban el poder a la socialdemocracia nacional. Los partidos con alguna base filosófica y programática, se convirtieron en semilleros de líderes formados al calor de la brega, y de una cultura desarrollada en la actividad política seria, que permitió la forja de generaciones con un carácter y una educación indispensable para gobernar.  

 

Lamentablemente, ha venido surgiendo una paulatina y progresiva corriente populista que, disfrazada bajo un cariz aparentemente novedoso, en realidad son vocaciones personalistas. O peor aún, han vuelto a escena, con singular perseverancia, banderas políticas que solo son expresión de algún grupo de interés muy específico. Y a partir de esa tendencia, han vuelto a tomar fuerza los partidos caudillistas. Entonces encontramos partidos que nacieron exclusivamente para que figuras políticas mantengan, casi permanentemente, sus aspiraciones presidenciales o parlamentarias. Partidos hechos para que se peleen posiciones en un cuatrienio, se repose la aspiración en el siguiente, y se vuelva a la diputación o a la candidatura presidencial en la subsiguiente. Y así, abrazados por tal dinámica, se fragmenta más la democracia hasta una atomización exponencial. No solo se engendra una brutal insularización del poder, sino que, dentro de esa misma fragmentación, resulta una lucha encarnizada de subfracciones dentro de fracciones.

 

Esta tendencia hacia el retorno de los personalismos, le ha hecho un tremendo daño a la democracia y a los partidos en general. Y de tal desprestigio, se están valiendo algunos operarios políticos para sacar ganancia de dicho “río revuelto”. Y entonces, afanados por acabar con la rabia matan al perro, aprobando leyes y planteando proyectos que afrentan la democracia. Por ejemplo, la Costa Rica antes orgullo de la democracia americana, hoy procesa penalmente a sus dirigentes, por el “delito” de reunirse en casas que no están inscritas a nombre de personas físicas, pues en una decisión llena de prejuicio social, nuestro Código Electoral ahora impide que las personas jurídicas participen en la actividad electoral. Al extremo de tener militantes con un pie en la cárcel, por el “delito” de prestar sus casas para reuniones, pues éstas tienen el “gravísimo” pecado de estar inscritas a nombre de personas jurídicas. Una absurda satanización de la actividad democrática. Como Secretario General del PLN, debí negarle el nombramiento asalariado a un eficiente funcionario del partido, si antes no traspasaba la propiedad de su vehículo. Si laboraba con su vehículo mientras éste permaneciera a nombre de su sociedad familiar, ambos nos exponíamos a ser penalmente procesados. ¡¿A dónde hemos llevado la democracia?!

 

Investigue el ciudadano: ¿cuánto están obligados los partidos a gastar, por causa de los fideicomisos de fiscalización que tales leyes sobrereguladoras imponen? Y la tendencia va en aumento. Dentro de esa peligrosa línea, la reciente propuesta de restar recursos estatales a los partidos. Ahora invertir en la democracia es también algo satanizado. Aún más, con el objetivo de que emitiera un criterio jurídico, recientemente me fue remitido, por una Comisión permanente del Congreso, un proyecto grandilocuentemente titulado “Combatir la impunidad en los procesos electorales”. Entre otras regulaciones, se pretende perseguir a todo aquel jerarca partidario que no reporte las contribuciones en especie que los ciudadanos hagan a sus partidos. Ante esto atiné a recordarles: ¿qué es la dinámica democrática sino una permanente aportación en especie de los militantes a sus diversos partidos? Ese tipo de iniciativas responden a la peligrosa tendencia que nos devuelve a los personalismos, y que amenaza a la democracia. Sé que hay quienes -de buena fe-, ven con aceptación la desaparición del sistema de partidos. Pero la realidad es que, si éstos son proscritos de la escena democrática, lo que resulta es el individualismo personalista en su máxima expresión. Es regresar a una etapa infantil de la historia: la del populismo personalista y caudillista. La muerte del ideal político construido en la brega colectiva.

fzamora@abogados.or.cr