lunes, 19 de junio de 2017

LAS BASES DEL NUEVO ORDEN

Dr. Fernando Zamora Castellanos
Abogado constitucionalista.

Publicado en el Diario La Nación
http://www.nacion.com/opinion/foros/bases-nuevo-orden_0_1640435946.html
y en el Diario español El Imparcial

 
Al surgir la actividad industrial en la Inglaterra del siglo XIX, la novedosa maquinaria instalada en el norte de Europa, que por sí sola hacía el trabajo de miles, desplazaba a la desocupación a cantidades ingentes de obreros. Sin poder alimentar a sus familias, muchos trabajadores destruían las máquinas como mecanismo de protesta ante la pérdida de sus fuentes de ingresos. A esa inusual protesta contra la automatización fabril se le denominó “ludista”, en memoria de un tal Ned Ludd, que en 1779 destruyó dos tejedoras mecánicas.

 

Y así como el ludismo fue engendrado por la primera revolución industrial, en el horizonte se otea un nuevo ludismo que la tercera y cuarta revolución industrial están provocando. ¿Por qué? resulta que la implementación de la robótica, la inteligencia artificial, el internet de las cosas y las plataformas virtuales interconectadas de esas nuevas revoluciones industriales, está sustituyendo masiva y aceleradamente la mano de obra humana. Solo citaré un ejemplo: para los años de la década de 1990, en un área tan sensible como la agrícola, el Wall Street Journal informaba al mundo que los israelíes, preocupados por la creciente violencia de los trabajadores palestinos, había desarrollado una generación de máquinas autoguiadas para dicha actividad. Con una productividad máxima, operan en los surcos vertiendo fertilizantes, pesticidas y regando las plantaciones con exactitud matemática. El paroxismo de ésta tendencia llega con un robot de la Universidad de Purdue, denominado “Robotic Melon Picker”. Diseñado para trasplantar, cultivar y cosechar productos agrícolas como melones, calabazas, repollos y lechugas, el aparato es montado sobre una estructura rodante equipada con cámaras, ventiladores, un ordenador y sensores que, antes de recoger ella misma el fruto, analiza las imágenes para determinar la madurez del fruto.    

 

Tales avances tecnológicos son la razón por la que Peter Drucker, en su obra “La sociedad postcapitalista”, sostiene que la desaparición del trabajo como factor de producción se transformará en el proceso inacabado del sistema capitalista. Así, el peligroso panorama que se avecina es el de un aumento de la actividad productiva pero, paradójicamente, con una reducción en la demanda de empleados. Adviértase además que, tal y como sucedió en la Europa del Siglo XIX, la abismal distancia que estamos viendo entre los detentadores de la moderna tecnología, por una parte, y las masas desclasadas por otra, es un caldo de cultivo de confrontaciones sociales graves. Y para luces la historia: lo anterior, sumado al desempleo provocado por la técnica mecanizada de la Europa del siglo XIX, fue una de las causas que provocaron el surgimiento, tanto del radicalismo comunista en ese siglo, como del extremismo fascista en la primera mitad del siguiente. De hecho, parte de la fuerza que han asumido ambos nuevos populismos, el neofascista y el neomarxista, tiene su origen en el desempleo masivo. Aunado al hecho de que los actuales adelantos tecnológicos no solo provocarán cantidades ingentes de desempleados, sino una distancia abismal entre los poseedores de esas tecnologías y los marginados de ella. En otras palabras, así como el desempleo provocado por la mecánica de la primera revolución industrial catalizó el ludismo, el marxismo y el fascismo, así también el desempleo que provoca la robótica de la tercera y cuarta revolución industrial, cataliza la versión actual de esas mismas patologías sociopolíticas.

 

 Ahora bien, como el progreso tecnológico no debe detenerse, se requiere una solución al problema. En los siglos XIX y XX, las filosofías sociopolíticas que lograron contrarrestar aquellos radicalismos totalitarios, fueron esencialmente la socialdemocracia y la doctrina social de la iglesia católica. Así las cosas, ante el resurgimiento de los extremismos de los que somos testigos, se requiere una reinvención de muchos de los principios y postulados prácticos de las filosofías políticas moderadas, de tal forma que sea posible un nuevo contrato social. Tal como sucedió con aquel nuevo orden establecido por el gobierno de Franklin D. Roosevelt después de la gran depresión. De la lectura de pensadores contemporáneos como Jeremy Rifkin, Alvin Toffler o  Noah Harari, podemos extraer indicios y atisbos sobre algunas bases o fundamentos de un posible “new deal” del Siglo XXI. Un primer postulado tiene que ver con el derecho laboral: deberá hacerse una reducción de la jornada laboral ordinaria a nivel mundial, de tal forma que se posibilite, por una parte, una mejor distribución del aumento de la productividad derivada del uso intensivo de la tecnología sustituta de mano de obra, y por otra un desempleo menor, al aplicarse una menor cantidad de horas laborales a cada trabajador.

 

Esa medida provocará la disposición de más tiempo libre por parte de grandes colectivos humanos, por lo que podría redirigirse el ocio de millones en tareas solidarias, generando una nueva fuerza laboral, la de la economía social o tercera economía, que no es sector público tradicional, ni tampoco sector privado mercantil ordinario. Ahora bien, para que esto último sea posible, el segundo postulado, derivado de la responsabilidad social empresarial, afirma que una fracción de las enormes utilidades obtenidas del ahorro en mano de obra humana por la aplicación y uso intensivo de alta tecnología, deberá invertirse y cuantificarse en dicho modo alternativo de economía citado. Como lo es por ejemplo, el pago de estipendios en favor de quienes colaboren en la economía social, o bien en otras manifestaciones como el eco-capitalismo (o sea, la vocación mercantil aplicada a la solución de los problemas ecológicos), y en la economía solidaria.

 

Durante el primer industrialismo, las relaciones mercantiles prevalecieron sobre las no lucrativas, y el reconocimiento social se ha medido por la capacidad adquisitiva del individuo. Si logramos darle valor y consolidar la economía social y solidaria como tercer sector, estableciendo elementos de medición financiera y retribuyendo financieramente el tiempo que se le destina, pagando la labor no lucrativa o incluso cuantificando la inversión en ella, avanzaremos en el ideal de restaurar el valor de las relaciones humanas genuinas. Es sentar las bases de la sociedad solidaria.

viernes, 2 de junio de 2017

LOS FALSOS PROFETAS

Dr. Fernando Zamora Castellanos
Abogado constitucionalista.

Publicado en La Nación:
http://www.nacion.com/opinion/foros/falsos-profetas_0_1637436245.html

Aquí ya ha sucedido: usar el odio o la comedia como estratagemas para intentar ascender al poder. Fue en la década de 1970 con un personaje que también aspiró con un partido tureca. Su nombre era Gerardo Wenceslao Villalobos, y se le conoció popularmente como “G.W.”. La única diferencia es que, en su caso, la estrategia fue el humor. Igualmente era locuaz, por lo que también se ubicó en los índices de popularidad, logrando elegir algún legislador. En aquel momento las redes sociales no existían por lo que, para darse a conocer, se montaba en un descapotable exhibiéndose con los ojos vendados. Provocó múltiples anécdotas. En una ocasión anunció la presentación en televisión de su gemelo, quien decía ser profesor emérito de Harvard; en el programa apareció un sujeto de traje formal y elegante dicción, quien solicitó el voto para su hermano G.W. Con el tiempo se supo que aquel era el mismo Villalobos disfrazado. En Cuba subió a cantar a la tarima de un club nocturno en Varadero y cuando la seguridad lo desalojó, empezó a vociferar, a tontas y a locas, imprecaciones contra Fidel. Pero la anécdota más memorable fue a raíz de la llegada del luchador argentino Martin Karadagián, quien dirigía "Titanes en el Ring", un programa infantil muy popular en latinoamérica. El espectáculo llegó en 1973 a la Plaza de toros de Zapote. En un momento dado al unísono, el público empezó a corear el nombre de “G.W.”, quien estaba allí presente. En el evento, -que transmitía Canal 7- G.W. Villalobos se lanzó al ring, emprendiendo una enconada lucha contra el mismísimo Karadagián.

Hay otros personajes que en el mundo han usado la comedia para ascender en política. Con su movimiento “5 estrellas”, el charlatán Beppe Grillo alcanzó 108 diputados y 54 senadores. El loquito Abdalá Buccaram debió ser destituido en Ecuador después de varias tonterías; la gota que derramó el vaso fue su grabación de un disco romántico, y a raíz de ello, compararse con Julio Iglesias ante la prensa internacional. Sin embargo, aquellos que usan el humor para obtener popularidad política, son mucho menos peligrosos, pues por ser la risa un instrumento tan evidente, el montaje que arman al menos es sincero. Los verdaderamente temibles, son los falsos profetas del odio, del rencor y del resentimiento. En el pasado se apeló a la comedia para ganar adeptos, los personajes de hoy apelan al veneno, a la escandalosa insidia, y al desprestigio de las instituciones democráticas. Así, publicando audiovisuales con verbo estridente para las redes sociales, y aupados por medios de comunicación que hacen ecos de sus declaraciones grandilocuentes, los falsos profetas del nuevo siglo han tomado popularidad.

Jacques Maritain sostenía que las sociedades necesitan profetas; especialmente en sus períodos críticos, o bien en la hora de su nacimiento o de su renovación profunda. Tal y como sucedía desde la antigüedad, su misión de despertar a los pueblos está inspirada a partir de su propia consciencia. Por ello, la más feliz coyuntura sucede cuando los estadistas son al mismo tiempo auténticos profetas. Ahora bien, tal y como ciertamente anota ese filósofo, aquel es un fenómeno vital e indispensable, pero también muy peligroso, pues lo genuino provoca siempre la propensión al embuste. Y así, donde hay inspiración y profecía, habrá también émulos falsos; por un lado inspiradores surgidos de una afección auténtica, y por otro, imitadores que no son sino demagogos con instintos tenebrosos. No hay nada más difícil para los pueblos que tener discernimiento de espíritus, que es lo que permite distinguir entre la inspiración genuina y la corruptora; deslindar el trigo que crece junto a la cizaña. No tomar lo sucio por puro.

Para verdades la historia, que es pródiga en ejemplos de genuinos y falsos apóstoles. En la época moderna, Occidente nos ofrece a Maximiliano Robespierre, que fue el primero de los grandes heraldos del rencor. Su verbo encendido convirtió a la revolución francesa en la primera gran carnicería moderna. Sedujo a las masas sedientas de la utopía secular jacobina, hasta convertir las consignas de fraternidad, igualdad y libertad, en una macabra pesadilla. Lo verdaderamente indignante de los embusteros, es que su conducta prostituye algo que es sublime, pues ciertamente, cuando las sociedades se sumergen y dormitan, los pueblos deben de ser sacudidos de su modorra. El ser humano es proclive a permanecer en estados de acomodo, y de esas etapas somnolentes se debe ser despertado. Tales despertares, que surgen tras el estado de confortabilidad, suelen ser incómodos e irritantes. Y esa es la labor del profeta genuino, pues sea como sea, las grandes transformaciones surgen inicialmente de la inspiración de quijotes convencidos de encarnar el ideal de la época. ¿O acaso Samuel Adams habría convocado un referendo para conocer opiniones sobre su gesta independentista? Ciertamente el ideal es una pasión combativa; por eso el idealista puede ser mal interpretado, pues las bajas pasiones del falso profeta se encubren, se agazapan detrás de la apariencia de las pasiones combativas, simulando ser una de ellas. Los impostores necesitan partidos turecas y unipersonales, cascarones que no son sino simples franquicias comerciales, porque no tienen la empatía ni la inteligencia emocional para sociabilizar y forjar la trayectoria que se exige en los verdaderos partidos. Por eso, aunque excepcionalmente es posible, un partido con una fuerte militancia y los controles sociales que ella impone, difícilmente permitirá el dominio de un charlatán.

Por ello los farsantes electorales, algunas veces ocultos tras ideologías apócrifas, toman las filosofías democráticas genuinas y las convierten en discursos de odio. Son los procreadores de las minorías contrarias de choque. En la República de Weimar, era Ernst Röhm y sus tropas de asalto las que aterrorizaban a las voces que se les oponían. Hoy los linchamientos son cibernéticos y es allí donde operan ese tipo de minorías que aspiran a llevar a sus falsos mesías al poder. Para luego, como ha sido usual en la historia, servirse del resentimiento de facciones insurreccionales, destruyendo las instituciones democráticas tan costosamente forjadas, e instalando despotismos. De esta triste experiencia, los alemanes que vieron actuar al nazismo son testigos de cargo. También los venezolanos de hoy, los que han “disfrutado” la última versión del socialismo.
fzamora@abogados.or.cr