lunes, 24 de enero de 2022

LA INFLUENCIA DE LA MORAL EN EL DESARROLLO DE LOS PAÍSES

 

Dr. Fernando Zamora Castellanos. Abogado constitucionalista

 

A pesar de que países como Grecia, Panamá, Costa Rica, o Argentina, aparecen en el ranking del desarrollo humano 2021, con un índice de desarrollo calificado como “muy alto”, sus indicadores referentes a aspectos como igualdad, orden fiscal, balanza de pagos en su intercambio comercial internacional, niveles de excelencia en educación media y universitaria, y tomando en cuenta la relación de comparación de éstos con países como los del norte de Europa, en realidad estos son países de desarrollo alto-medio, o intermedio. Esto pese a que, como ya indiqué, todos ellos aparezcan en el índice del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) con la connotación de “muy alto” desarrollo.

A través de la historia se han venido promoviendo infinidad de teorías del desarrollo, las cuales van, desde las censurables tesis racistas, hasta las que lo condicionan en función de, por ejemplo, situaciones climáticas, ambientales y de existencia de recursos naturales.

Sin embargo, la experiencia histórica y estadística parece demostrar que el condicionante real del desarrollo es el sistema cultural de las sociedades. En uno de mis anteriores artículos, publicado en el diario La Nación, -el 21/09/2021-, titulado “La influencia de los sistemas culturales en el desarrollo” expliqué los tres niveles de desarrollo en que se encuentran las naciones, cuya calificación es la siguiente: una primera élite de países ubicados dentro de la cúspide de la escala de desarrollo, un segundo gran “pelotón”, correspondiente a la gran mayoría de países con desarrollo intermedio, y finalmente, la gran escala de países de bajo desarrollo, con ingentes cantidades de población en miseria. Allí señalé, además, de qué forma los sistemas culturales fundadores de esas sociedades influían en su nivel de prosperidad general, o la carencia de ella. En términos generales, podemos estimar que los países élite son aproximadamente 16 sociedades nacionales del orbe. Por otra parte, los de desarrollo alto-medio, entre los que nos encontramos los costarricenses, son aproximadamente 138 naciones, y finalmente 35 países con bajo desarrollo. En el presente artículo me limitaré a analizar el nivel medio de desarrollo y las características comunes a dicha escala, dejando la posibilidad, en futuros artículos, de analizar los otros dos escalafones de desarrollo.     

 

Lo primero que amerita advertir es que, como ya señalé, el nivel intermedio de desarrollo material es la escala donde se ubican la mayor cantidad de países. En esa numerosa categoría media, se da la particularidad de que todas esas sociedades abrazan culturas fundadas sobre algún sistema de legalidad moral o a algún modelo de espiritualidad con compromiso moral. En dichos sistemas de legalidad moral, encontramos tres grandes vertientes: en primer término, las sociedades fundadas sobre la base de religiones cuya práctica conlleva el cumplimiento de conductas con compromiso moral, como son las religiones islámicas, judía, y las distintas denominaciones del cristianismo. La segunda gran vertiente, son las sociedades cuyos fundamentos existenciales han sido culturas filosóficas, como lo son el budismo, el taoísmo y el confucionismo, todas ellas posicionadas en las naciones del extremo oriente. La tercera vertiente corresponde a las sociedades influidas por los modernos sistemas culturales ateístas, como es la actual sociedad China, o lo que en el pasado fue la Unión de repúblicas socialistas soviéticas (URSS). Estas tres vertientes de sistemas culturales, son las que han influido en todas las naciones con un índice de desarrollo material intermedio.

Dentro del conjunto de naciones cuyo sistema cultural fue fundado sobre el sustrato de religiones de compromiso moral, se encuentran, por ejemplo, el gran conjunto de países europeos occidentales, las naciones de Europa del este, y también el colectivo de naciones hispanoamericanas. Todas ellas con el común denominador de ser naciones cuya raigambre es tanto cristiano católica, como ortodoxa. Un segundo colectivo dentro de las naciones con desarrollo intermedio, fundado sobre el sustrato de religiones que conllevan el cumplimiento de conductas de compromiso moral, se encuentran las naciones islámicas. En ese conjunto de naciones islámicas, dentro del estrato medio, la más alta posición la registra Emiratos Árabes Unidos, en la posición 31 del escalafón, y la cierra el último país mahometano en la escala intermedia, que es Islas Comores. En este punto valga anotar que ningún país musulmán ha logrado meterse o “colarse” en la élite cumbre de 16 países con muy alto desarrollo humano, dentro de la que se encuentran un país de origen budista, Singapur, y 15 de origen cristiano. Dentro de la segunda gran vertiente, de sociedades cuyos fundamentos existenciales han sido culturas filosóficas, como lo son el confucionismo, el taoísmo y el budismo, ubicadas en Oriente, encontramos que todas esas sociedades se encuentran también en el orden intermedio de desarrollo. Exceptuando el caso singapurense, que se encuentra en la élite de los 16 países de máximo desarrollo mundial, dentro de las naciones fundamentadas en culturas filosóficas, Japón encabeza el listado de naciones ubicadas en las altas posiciones del desarrollo intermedio, y el registro finaliza con el estado de Birmania, donde el 90% de la población es budista. En la tercera vertiente de sociedades fundamentadas en sistemas de legalidad moral, se encuentran las naciones sustentadas en modelos ateístas como es el caso de China en el puesto 85 del ranking, o Cuba, en la posición 70. Ambas también con un grado de desarrollo intermedio.       

Como dato importante, vale indicar que prácticamente ninguna nación sustentada en culturas filosóficas de dicha naturaleza indicada de legalidad moral, se ubica dentro de los países de bajo desarrollo. Nótese el interesante dato que demuestra que, prácticamente todas las naciones fundadas en culturas de legalidad moral, desde los países cristianos del norte de Occidente, -que son los países élite en el desarrollo-, pasando después por otras denominaciones como el islamismo, el budismo y hasta los sistemas de legalidad ateísta, todos tienen el común denominador de que su sistema de legalidad moral les permitió evadir la miseria y escapar del fondo de la clasificación del desarrollo.

En ese sentido, las únicas excepciones son, la Afganistán musulmana, que para el 2020 se encontraba en el lugar 169 dentro del bajo desarrollo, y la atea Corea del Norte que, aunque no aparece registro alguno en el ranking de PNUD por la imposibilidad de que ahí se estudie el desarrollo, el PIB per cápita sí indica el nivel de vida, y en 2017 fue de 800 dólares aproximados. Con esta cifra, se ubica entonces en los rangos finales de la tabla, en un puesto cercano al 180 en relación a los 196 países del ranking de PIB per cápita.

fzamora@abogados.or.cr

viernes, 14 de enero de 2022

LAS DOS PRIORIDADES DEL MUNDO

 Dr. Fernando Zamora Castellanos. Abogado constitucionalista

 

Los desafíos principales del mundo son dos: el primero de ellos, ampliar la cobertura boscosa del planeta, una eficiente forma de combatir la absorción de gases contaminantes en la atmósfera. El otro es incrementar la capacidad mundial de producción hídrica. O sea, sostener los actuales niveles de vida de nuestra especie requiere mucha agua y mucho bosque. Frente a esos retos, vale preguntarse: ¿es posible el desarrollo humano y un altísimo crecimiento económico y poblacional en armonía con los ecosistemas?  Siendo conscientes de ambos desafíos, resulta indispensable estudiar el caso israelí, para lo cual es menester tener claro que -en ambos campos-, es el país con mayor desarrollo tecnológico y, además, el de mayores logros. Pese a que su territorio es un 60% desierto, y el resto en aridez, con una tasa de lluvias bajísima, y desde su fundación con un crecimiento de su población incrementada por diez, el país tiene excedentes de agua y bosques en crecimiento. Al punto que suministra 53 mil millones de litros anuales a los jordanos, y a los palestinos cerca de 67 mil millones de litros en cisternas. Para el que crea que eso es inconcebible, puede consultar el dato en el reporte anual sobre recursos hídricos del Estado de Palestina. Por ello debe reconocerse la autoridad moral de los criterios, acciones y participación de Israel en esa materia, y en la asistencia internacional para la solución de ambos retos. Días atrás recibí de manos de mi distinguido amigo Oren Bar, excelentísimo embajador de Israel en nuestro país, el libro titulado “Hágase el agua, solución de Israel para un mundo hambriento de agua”, cuyo autor es el colega abogado Seth Siegel. En la obra se desarrolla detalladamente el inventario de sus portentosos logros nacionales en materia hídrica y forestal, y tales conquistas nos ofrecen una enorme esperanza al resto del mundo.

 

Un reciente informe del Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos, determinó que el mundo estaba entrando en una prolongada crisis de abastecimiento de agua para todas las necesidades vitales de la humanidad. En momentos en que 600 millones de personas viven sin acceso al agua, la duda no es si habrá graves conflictos sociales por el uso del agua, sino en qué momento éstos ocurrirán a gran escala.  Tres son los factores que agravan el problema de agua: el cambio climático, generador de procesos de evaporación y sequías más acelerados, el incremento de los hábitos de consumo de las clases medias del planeta -que para el año 2000 eran 1400 millones y para el año pasado la cifra había aumentado a los 3500 millones de habitantes-, y finalmente el incremento general de la población que, como es obvio, genera una mayor presión sobre la explotación de las fuentes de agua. A su vez, dicha presión, provocada por esos dos últimos factores, el del crecimiento demográfico y el del ascenso de estamentos poblacionales más consumistas, provoca que las fuentes de aguas se contaminen más regularmente, y respecto del agua distribuida, que ésta tenga mayores volúmenes de desperdicio.

 

En este punto es indispensable advertir que Israel ha demostrado que es totalmente posible sostener el desarrollo humano en armonía con el equilibrio del ecosistema. Aún más, que es posible sostener un altísimo crecimiento económico al mismo tiempo que se logra una mejoría del ambiente natural; en eso ha consistido el prodigio israelí. Solo basta recordar que, desde la independencia hasta 1963, el gasto entre las familias de los asalariados israelíes aumentó un 97% en términos reales, y entre 1955 y 1966, el consumo per cápita aumentó en un 221%. Al momento del establecimiento de ese Estado, la población era de apenas ochocientos seis mil habitantes con un ingreso per cápita anual equivalente al de los países más pobres del tercer mundo, mientras que hoy es de $44 mil dólares pese a que la población supera los diez millones. Sin embargo, hoy existe mucho más bosque del que existía al momento de constituirse ese Estado, y las fuentes de producción de agua también han aumentado. De hecho, hoy Israel es la única nación del mundo en la que existen más bosques de los que había hace un siglo, y esto a pesar de los continuos sabotajes provocados para destruirlos, como sucedió en el 2006 con las diez mil hectáreas de bosque que fueron incendiadas por los cohetes del Hezboláh

 

El milagro israelí se debe fundamentalmente a tres elementos: la planificación de su infraestructura hídrica, la inversión en tecnologías relativas a ella, y finalmente, una vez conquistado el desafío del agua, culminan la trilogía con un muy agresivo programa de desarrollo forestal. Y la consolidación del bosque provoca después un círculo virtuoso de mayor abundancia de agua, tal y como como cualquier ingeniero forestal reconocería. Es un proceso inverso al del círculo vicioso que viven países que, pese a ser tropicales, como Guatemala, Honduras o Haití, la tala indiscriminada está provocando la desertificación de extensas áreas de sus geografías. A manera de ilustración, la tecnología israelí de riego agrícola es uno de los aspectos que, en América, regiones pobres como el norte de México o ricas como los estados estadounidenses que se asientan sobre el acuífero de las altas llanuras, como Nebraska o Texas, saben que deben implementar a corto plazo. Por ejemplo, en ocho estados estadounidenses, los agricultores saben que los días de bombeo ilimitado de las aguas de dicho acuífero están por terminar. Recordemos que en el mundo la agricultura utiliza el 70% del agua y apenas el 10% se emplea para usos domésticos relativos a la limpieza, cocina o hidratación humana, por lo que, si se utilizan las modernas tecnologías de riego para reducir ese consumo agrícola en un 15%, habrá más del doble de agua para el aprovechamiento humano doméstico.   

 

 

Finalmente, amerita advertir que la gran democracia del oriente próximo está demostrando que el futuro del adecuado abastecimiento hídrico, de sus programas de desarrollo forestal y protección de ríos, y por tanto el futuro del desarrollo sostenible, dependen de la combinación de tres factores asociados: inversión en tecnología, iniciativa privada y políticas públicas. No cabe duda que, en el milagro hídrico y forestal de Israel, se ha cumplido la vieja promesa bíblica que hizo Dios a los judíos, contenida en el capítulo 55 del libro del Profeta Isaías: “En el lugar del espino crecerá ciprés, y en el de la ortiga, crecerá arrayán; …”  fzamora@abogados.or.cr